Subscribe to my full feed.

jueves 2 de julio de 2009

Esquizoentrevista: Pirandello_21.0

Es esta una serie de pseudos-entrevistas carentes de límites y lógica. Ninguna respuesta corresponde a la realidad de lo pensado por el entrevistado, a no ser por mor de la casualidad –o, en algún caso, de la causalidad-. Por supuesto, el autor no se ha molestado en ponerse en contacto con el sujeto real entrevistado, salvo extrañas excepciones, pues considera que la “idea” de cada uno de ellos es interesante por sí misma y susceptible de responder con más originalidad.
Reitero, ni una sola palabra de estas esquizoentrevistas provienen del sujet@ entrevistad@. Simplemente es una aproximación delirante a lo que el que suscribe desearía escuchar, en aras de la sinceridad y la brillantez imperante en este blog ¡ja!


Tras pensar sobre quien sería el primer esquizoentrevistado, se me ocurrió que qué mejor que ofrecer una oportunidad para expresarse –posiblemente la primera y última- a mi Pirandello particular, ese personajillo –aunque se crea autor- que da (recibe?) vida a (o de?) este Epicuro de Samos, Jnr., servidor de vds.

Y como aún no ha salido del “ciberarmario” indicando su nombre real, poniendo su foto –casi mejor…-, es decir, dando la cara ante las mamarrachadas que me obliga a firmar –pues no es más que una especie de “negro literario” mío-, tengo dudas de cómo dirigirme a él, pues no me parece justo hacia mí crearle otro pseudónimo, así que lo llamaré JL, ¿porqué no?, de alguna forma no excesivamente humillante tenía que nombrarlo…



Epicuro de Samos, Jnr.- Empecemos con buen pie, le ofrezco la posibilidad de que abramos esta esquizoentrevista con el tema que desee…

JL.- ¡Usted mismo! Sabe que tiene plena libertad.


EdS, Jnr.- ¿Quién es JL?

JL.- Libertad, no libertinaje… Quedamos en que no salgo del ciberarmario. Tampoco me iba a conocer nadie, más allá de tres amigos, que son los suyos, que entran por aquí cuando no tienen nada mejor que hacer.


EdS, Jnr.- ¡Ah! Pero… ¿tiene amigos y todo?

JL.- ¡Vaya vd. a saber! Hay un puñado de gente a la que quiero como tal y alguna más a quien, sin atreverme a llamarla así, l@ aprecio, sin llegar a más intimidades…
Si es recíproco, que posiblemente no, ell@s deberían responder…


EdS, Jnr.- ¿De que vive, caro alter ego?

JL.- No se equivoque, vd. es mi alter ego, que a pesar del título, aún no padezco el complejo de Pirandello…


EdS, Jnr.- Insisto, ¿de que vive?

JL.- Hoy por hoy, de la caridad laica. Espero en breve que alguien decida pagar por mis mediocridades…


EdS, Jnr.- Lo suponía, carece vd. de habilidades…

JL.- ¡Ni mucho menos, Epicuro! Soy un aceptable cocinero de sábados tarde; agradable conversador si se me incentiva suficientemente con un vino aceptable, un cognac o un gin tonic correctamente preparado –mejor si todo esto es rematado con un habano-; además tengo una notable cultura futbolística; soy un excelente comprador de libros; cuando viajo me cargo gustoso con todos los marrones organizativos, y aún disfruto; además, ¿a quien recurre vd. para conseguir las fotografías –algunas excepcionales, seamos sinceros- que sube con cada post? ¿Le parece poco?


EdS, Jnr.- Tanto amor por los habanos... ¡Ya será castrista!

JL.- Habanista, sí. Cubanista, también, que aunque no conozco in situ ese magnífico pueblo, lo admiro desde la distancia y, desde luego, aunque fumo poco, esporadicamente disfruto de un habano. De lo otro… ¡no me toque la moral, ande!


EdS, Jnr.- Pues ya que estamos, defínase políticamente.

JL.- Parafraseando –siempre quise decir esto- a Pío Baroja, soy novísimo liberal dogmatófago.


EdS, Jnr.- Neoliberal, vamos…

JL.- ¡Que no, leches! Novísimo liberal y además dogmatófago. Y si no lo entiende, ¡ilústrese!


EdS, Jnr.- Vd. es mi ilustración, ya lo sabe… ¿Tal vez preocupado por las libertades del individuo?

JL.- ¿Y quien en su sano juicio, y sin intereses espurios mediantes, no?


EdS, Jnr.- Tal vez yo…

JL.- Pero usted no es… Bueno, sí es… ¡pero también le preocupa, que releo los posts!


EdS, Jnr.- Cierto… ¿Qué es lo peor que le han llamado en la vida?

JL.- Lo peor es lo que no me han llamado… En cualquier caso, lo que más duele es lo que tú no te consideras y además detestas, si me llaman deshonesto, hortera, racista o gris –por poner algún ejemplo- me toca la moral.
Sin embargo, ya conoce esa aseveración popular de que más vale caer en gracia que ser gracioso… Pues bien, tengo muy asumido que no caigo en gracia con facilidad y lo peor del asunto es que últimamente me la trae…


EdS, Jnr.- Sin groserías, que puede haber niños…

JL.- ¿Aquí? Pobrecillos, déjeles disfrutar, aunque peores son los programas de televisión con que los adocenan…


EdS, Jnr.- Me va a resultar un idealista…

JL.- Ni las palabras que me gustan, me agradan cuando se les añade el sufijo “ista”.


EdS, Jnr.- Cuéntenos algo de su vida, ¿tiene familia o vive en soledad cual ermitaño?

JL.- Tengo padres, años después de nacer llegó un hermano, algo más tarde GH se incorporó a mi vida –no es Gran Hermano, sino una linda gatita- y a continuación, y a pesar de que me parece una irresponsabilidad por su parte, MC optó por compartir su vida conmigo…


EdS, Jnr.- ¿Casado?

JL.- Y por la Santa Madre Iglesia.


EdS, Jnr.- Yo le hacía ateo o tal vez agnóstico…

JL.- Mis dudas son mías, pero los ritos como deben ser: en un real monasterio cisterciense, con arias líricas y finalmente un cocinero “micheliniano”.


EdS, Jnr.- Sin hijos, eso sí…

JL.- ¿De verdad sus entrevistas anteriores eran políticamente correctas?


EdS, Jnr.- No, lo eran las suyas…

JL.- Mire, cuando nací…



EdS, Jnr.- ¿Ahora hablamos de paleontología?

JL.- Historia. Intrahistoria, si quiere. Y no me interrumpa, por favor.
Cuando nací, decía, decidí que tras más de medio milenio de mi familia en estas tierras, ya era hora de que un L. naciera en la capital del viejo reino, y así lo hice.
Mis hijos (?), liberados de tal carga, ¡a saber donde les ha dado por nacer!, llevo años buscándoles y ya estoy orientado, pero ¡quien sabe!, tal vez les dio pereza y finalmente decidieran no nacer. Sería lo más prudente. Ya le contaré…


EdS, Jnr.- La historia de Marco actualizada…

JL.- Exacto. Porque… hablamos de Marco Polo, ¿no?


EdS, Jnr.- Tras el humo del habano se percibe un aceptable perfume, ¿siempre usa la misma colonia –decir fragancia sería excesivamente pedante-?

JL.- ¡Vaya cambio de tercio! Pues no, como estudié algo de márketing dejé de creerme que un aroma pudiera ser reflejo de nuestra personalidad y “me liberé”. Hoy creo que es una cuestión de “placer pituitario” o hasta de estado de ánimo y conste que, a pesar de mi escaso apéndice nasal, éste funciona a plena satisfacción, no como mis ojos que precisan apoyo -oculi di vitro cum capsula- o mi oído que jamás tuvo remedio.


EdS, Jnr.- ¿Y el tacto?

JL.- Impecable, aún no le he mandado a vd. a esparragar…


EdS, Jnr.- Menos susceptibilidades, que yo, con esa afición a lo olfativo, ya podría haberle calificado de “excesivamente sensible”…

JL.- Eso, nunca se es en exceso. Pero si lo que quiere llamarme es mariposón, julandrón, marica de playa o, más correctamente, gay… ¡Que le voy a hacer, no nací con esa fortuna! Soy aburridamente “homo” y ya se sabe que hoy no vendemos nada, ¡hasta profesionalmente sería un punto a favor!
En serio –o todavía más-, siempre me ha encantado sentirme minoría, me creo más libre, y por ello no entiendo a quienes lo ocultan o se avergüenzan, que cada vez son menos, al igual que son menos los que se asustan por las diferencias.


EdS, Jnr.- ¿Y dice que no es políticamente correcto?

JL.- Tampoco voy a permitir que mi aversión por lo p. c. me lleve a la irracionalidad, pero permítame una pedantería…


EdS, Jnr.- Una más…

JL.- ¿Qué dice?, ¡es la primera a estas alturas! Trataba de expresarle que me sumo –o lo intento- a la descripción que leí de Jacques Vergès –y mire que llegamos desde puntos opuestos…- como “un ilustrado, un hombre libre y anticonvencional, que no está dispuesto a seguir la senda trazada por la conservadora izquierda de hoy, tan políticamente correcta”.


EdS, Jnr.- ¡Lo dijo un hombre!

JL.- Lo dijo un abogado…


EdS, Jnr.- ¿Seguimos o dejamos algún tema para la segunda parte?

JL.- Casi mejor esto último. Tengo pocas ganas de comunicarme -bienaventurados los que no tienen nada que decir y lo callan-, si lo hiciera en las próximas semanas seria a través de vd. Tal vez más adelante… Pero ahora solo quiero sumergirme en el anonimato del verano a través de un café con hielo, muy corto, muy frío, muy solo…


EdS, Jnr.- ¿Usted o el café?

JL.- Sin comentarios.


EdS, Jnr.- To be continued, tal vez…

Esquizoentrevistas

Hasta hace poco, el individuo que me dotó de identidad, publicaba mensualmente una entrevista en una revista económico-empresarial. No negaré ahora que estuve con personas de interés –no solo sería descortés, sino además incierto- , ni mucho menos. Pero si que tenía una serie de condicionantes: la mayoría debían circunscribirse al ámbito profesional -por eso las llevaba a cabo yo, que no puedo presumir de ser periodista-, por lo que hubo un exceso de políticos y altos cargos administrativos del ámbito económico; geográficamente también había límites lógicos, aún cuando hubo alguna de carácter nacional e incluso internacional, pero eso sí, todos –excepto cuando tuve la ocasión de entrevistar a un hacker holandés considerado en el top five del sector, recién llegado de unas “vacaciones pagadas”- debían ser de una exagerada corrección política.

En definitiva, bastante gente interesante, aunque no toda –siempre encuentras a alguien encumbrado a lomos del Principio de Peters- y, eso sí, cientos de respuestas previsibles…

Por eso, pensaba el otro día, ¿porqué no reiniciar mis entrevistas en este blog? ¡Eureka!, volví a pensar, ¡gran idea!, entre fantasma y fantasma que trato de expusar de mi incómodo subconsciente, una entrevista. Solo que esta vez… ¡yo pongo los límites: ninguno! Ni geográfico –esto sería un problema, de tiempo y económico, a no ser por el siguiente “no límite”-, ni de veracidad –no pienso molestarme en llegar hasta ellos, salvo en algún caso excepcional, por lo que cualquier respuesta será esencialmente mendaz-, ni temporal –si no tienen que responder, ¿qué más me da que estén algo –incluso bastante- muertos, vivos o catalépticos?-, ni, y esto es lo fundamental, sujetos a corrección política alguna.

Y dicho esto, elaborado el prefacio de mi última brillante idea –puede sustituir el término por: memez, gamberrada, o cualquier expresión a su gusto…-, pasaremos al contenido en futuros posts.

¡Ah!, se admiten sugerencias para entrevistad@s...

Saludos de Epicuro de Samos, Jnr.

Jackson murió poco después de Vicente


Hace unas semanas comprobaba con estupor que la noticia del estado crítico de Vicente Ferrer, exjesuita de 88 años, con más de cincuenta y cinco años -eso supone más de la edad total de muchos de nosotros- de ímprobo y desinteresado trabajo primero en Bombay y posteriormente en Anantapur [Andra Pradesh, India], una de las zonas más deprimidas de la tierra, ocupaba menos espacio en prensa que la muerte de la viuda de un dictador árabe…

Ya ha fallecido Vicente, una de esas personas cuya vida deberían estudiar todos esos salva-almas progres envueltos en la bandera de lo social –por fuera, que por dentro van embutidos en Puchis y Adolfos Domínguez-. Su epicureismo era mucho más elevado que el de la mayor parte de los mortales, encontraba placer en mejorar la vida de los demás día a día, hora a hora, …

Cuando escribía esto las televisiones estaban colapsadas por la prematura muerte de un hombre que no se conformaba con su color, un individuo que no fue capaz en medio siglo de superar su complejo de Peter Pan, alguien que para algunos hizo buenas canciones y para otros, entre los que me cuento, algo sosillas, aunque esto sea lo de menos. Ocupa horas y horas en los medios de todo el mundo. Las cámaras que enfocaban la vida de Ferrer –gracias a que acudieron al sepelio un par de políticos- ya abandonaron su labor hace días. ¿En qué clase de mundo vivimos?

No pretendo ser como él. Imposible. Ni que vd. lo sea, me quedaría sin público objetivo. Pero recordando a Agustín González en Volver a Empezar no podemos por menos que decir, cabezazo incluido: “D. Vicente, lo que bien está, bien parece”.